Más perdidos que.

Como títere en sus manos me partió, y partimos los dos
entre trenzas y trenes y suspiros y vaivenes
maletas vintage o rotas sin más

Me llevó la velocidad de los árboles en el reflejo de la ventana en sus ojos. Me llevó muy muy lejos, a canciones de pop de los 80, a saltar en los charcos de barro, a cansarme de llevar las gafas puestas y a despreocuparme cada dos por tres.

Pero volvía rápidamente a la realidad, a contar los lunares de su cuello, a leer los cortes de sus labios, a inventarme un idioma en sus manos.

A pasar página muy muy lento. Como si acabara el libro ya,
como si no hubiera final.

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Es doloroso el amanecer, pero cicatriza a las diez de la mañana

El frío en los huesos, las bufandas, el anhelo. El invierno se ha estrellado con fuerza en mi alma, y hace que supure emociones.

Los escalofríos, los besos bajo sábanas. El Sol doloroso si vas de cara, la rapidez de la vida cotidiana. Los cigarrillos que pasan cerca de mí, las nubes que chocan contra los carteles del metro y… y tú. Los ojos que te encuentras, azules como la angustia existencial, dedos pasando páginas en un libro cuyo título no logro atisbar. El amor en movimiento, con frío, mucho frío, con muchas capas de abrigo tocándome y las mejillas sonrojadas por la calefacción. Duele más que mil puñaladas, el amor que dura un segundo, el amor que no es amor, porque sólo me enamoré de unos labios leyendo unas líneas, de unas manos pasando unas páginas y unos ojos absortos en un mundo irreal que sólo ellos conocen. Amor que no es amor, porque el amor real no existe si los ojos a los que miras no te devuelven la mirada.Imagen

Ese canibalismo llamado amor

Quisimos inventar lo que nunca fue nuestro y así nos fue. Viviendo de la nada y alimentándonos cada día de todo lo que nos falta. Y luego las sonrisas, que vinieron cogiditas de la mano a saludarnos, a engañarnos. Como cada caricia y cada polvo que echábamos. Despellejamos los sentimientos hasta verlos por lo que realmente eran: nada. Como todos.

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Ese canibalismo llamado amor,

que nos comió a los dos.

Y nos dejó sin vida, sin huesos, sin voluntad propia.

Que nos consumió

porque somos cerillas y eso era fuego por culpa de la puta pasión.

¿Qué se hace ahora?

Cuando no queda nada, pero queda todo eso de lo que hablan los poetas que creen que saben de amor.

Pero es que todos esos poetas no saben escribir. No pueden escribir. No pueden, y es que no comprenden que el amor es enfermedad mental, y ellos lo tratan de bendición. Es enfermedad mental, nos engaña y nos atraviesa, nos hace sonreír como malditos esquizofrénicos volando en su mundo inventado, viendo nubes donde hay humo tóxico.

¿Qué se hace ahora?

Seguir disfrutando de los delirios de sus manos, de perderme entre su saliva y regalar todo lo que soy, lo que fui. Pasar las horas mirándonos fijamente con media sonrisa tatuada en la cara. Dar vueltas hasta convertirnos en sábanas. Inventar un idioma, inventar un reino. Ser dos cuerpos en una misma coraza.

Y hasta cuándo.

Desaparéceme

Destrúyeme, devástame, desbarátame, derríbame, desmoróname, deshazme, destrózame, derrótame, aniquílame, abáteme, arróllame, desintégrame, pulverízame, desmantélame, mátame. Ámame.

Y recuerda siempre acercar tu pecho a mí, que pueda oírte latir, que recuerde que eres humano, que recuerde que aún lates por mí.

Me erizó entera, durante toda una vida, dejé de respirar y de sonreír por si me veía. Tras cada esquina podía encontrar su aroma, tras cada cama me inventaba su mirada. Me deshice entre sábanas y lágrimas y qué más da si ya no hay más. No hubo guerras de almohadas, ni desayunos frustrados por no poderle comer. No hubo gestos rotos por sonrisas descamisadas ni andares envidiados por esos ojos cristalinos. Pero no importa. Me dí la vuelta tan pronto como me di cuenta. Corrí y corrí, y eso que iba en tacones, corrí hacia ti bajo la lluvia huyendo de un futuro erróneo casi comenzado. Se me rompió un tacón. Llegué, me acogiste bajo la oscuridad que te gobierna y la tristeza que te caracteriza. Se me rompió el corazón. Y el alma en mil pedazos, y todas mis excusas, y mis armas, y mi escaparate y mi coraza. Todas las cosas que había ido creando para poder romper el hechizo que crean los abrazos de verdad.

Y ahora qué.

Y ahora qué hago cuando no me los quieres dar.