La sombra de las nubes

Sus ojos color marihuana, a cualquiera hacen perder la cabeza.

La locura de sus pinceladas, quizá más de la que debiera.

Bebimos un café o dos, quizá más de tres cubatas,

y pronto entendí que éramos experimento,

que ni remotamente éramos nada.

 

Exprimí cada segundo que me fue regalado,

me fumé sus ojos, me coloqué de su droga quizá demasiado.

Hubo lágrimas y cogieron su nombre,

hubo frío y hubo un millón de coches.

 

Era la ciudad, que nos envolvía,

y nos convertía en luces,

cuando nosotros sólo buscábamos ser melodía.

 

Pero qué cálido el pecho ajeno,

y qué válido todo su tormento.

Quienquiera que fuera, sabía escapar de los caminos que yo invento.

Quienquiera que fuere, sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

 

Y me tentó más de una vez, con sus manos de cigarro,

y me tentó y me hizo ver, que no éramos más que cuatro tristes manos.

Anuncios

Manifiesto en contra de la heteronomía moral y de mi propia estupidez, parte 1

No es demasiado horrible vivir a la intemperie de ti mismo. Quiero decir, conocerte y todo eso. ¿No os parece? Está bastante infravalorada la introspección, que realmente es lo único que nos diferencia de los animales. La conciencia de nuestra propia existencia parasitaria en este mundo que destrozamos. Sí, como lo leéis. Hoy me he dado cuenta de que estamos solos en este planeta. Ni “live together, die alone” ni nada. Nacemos solos, crecemos solos y morimos solos, simplemente hay gente que nos rodea, que nos coacciona, nos ayuda, nos daña, nos ‘forma’. Es difícil de asimilar, lo sé, pero es todo verdad. Sólo tenemos una vida y la gastamos sin alcanzar la autonomía moral, cosa bastante triste. ¿Queréis ser uno más? ¿Queréis vivir para los demás? ¿Depender de los demás? ¿De verdad? A mí me da tanta angustia la cotidianidad prefabricada que no puedo contemplar siquiera la posibilidad de llevar esa vida tan estructurada que nos venden y que nos acaba matando como individuos. ¿Estás solo? Basta de tanto drama. Folla, ríe, quiere, odia, pero no te regales. No regales tu existencia, que al fin y al cabo, es lo único que tenemos todos y que sólo nos es arrebatada en nuestro último cerrar de ojos.

No te encuentro

Y cuando no estás, te juro que te invento. 
El aire resuena y las palabras se lleva. Borrosos paisajes, preciosas mentiras, eternos mediodías de cada ciudad perdida. Y aún así. Y aún así, es como te digo. Las montañas de tus lágrimas, erosionadas por el paso de las tristezas, inolvidables dolores de alma, conocidos ya, familiares ya. Y yo me convierto en herida, y tú en sangre, somos dos, somos uno, somos dolor y no hay nadie que lo calme.
Antes iluminaba, ahora quemo, desde los huesos hasta las entrañas, quemo. Sé mis cenizas pues.
Te esnifaré y me colocaré de ti 
y será todo precioso porque estás otra vez dentro de mí.

Al límite

Sí, reconozco que más de una vez me retorcí en brazos ajenos, y no por crear dolor. No me refiero a infidelidad, no al menos física, sin darme cuenta me entregué al mal de otros ojos que quisieran ayudar a esta pobre infiel, pero infiel consigo misma. Más que nada me sentí abucheada. Lo que ya tenía no me bastaba. No me es suficiente nunca nada. Lo que consigo es estúpido, siempre hay una meta inalcanzable. El mundo parece tan descosido que no me da tiempo a levantarme. He llevado mucho peso a rastras, peso que he inventado, como siempre, y mi vida me dice que no puede más. Mi alma se echa a llorar. Pero yo no tengo de eso. Soy un ser inerte, creado por un dios inexistente, que mira a través de los ojos de un cuerpo humano, como cualquier otro, como cualquier día, como cualquier noche. No me drogo por miedo a ver la verdad. Alucinar ya de por sí no se me da del todo mal. Grítame, grítame, por favor. Que cuando lo haces siento que ya no soy yo. Olvido mi cuerpo. Todo es una obra de teatro. Soy un espectador de mi propia vida. Y aplaudiré hasta que caiga el telón.

Pupilas dilatadas

Ejercicio de expresión de Elaboración de textos. UA.
El primer recuerdo que tengo data de 1994. A mis tiernos tres años, acababa de descubrir (no sin gran pesar) que los Reyes Magos no existían, que Papá Noel era mentira y que mi ciudad estaba dentro de España, y no al revés. Fue un año duro. Me rompí un brazo, me cortaron el pelo en contra de mi voluntad y mi hermano no paraba de echarme la culpa de sus actos pirómanos. Es por eso que me rebelé. Creé una coalición junto a mi indignación y mi maldad intrínseca y nos dedicamos a estropear la inocencia de esos pequeños seres de mi generación. Me esforcé, con las pocas palabras de nuestro extenso lenguaje que conocía, en explicar, argumentando razonadamente, porqué esos entes en los que ellos tanta ilusión depositaban, no existían ni nunca habían existido. Ahí empezó todo. Casi me echan de la guardería. 
Al cumplir 9 años fui ‘obligada’ a tomar la primera comunión. Me pasé el día predicando acerca de la no existencia de Dios y la inutilidad y gasto que suponía la Iglesia. No paraba de repetir una gran frase de Homer Simpson: “Pero Marge, ¿y si nos hemos equivocado de religión? Lo único que hacemos yendo a misa es enfurecer más y más al verdadero Dios”. Mi escepticismo fue creciendo conforme empezaba a comprender que los argumentos de los adultos no tenían sentido o se basaban en cosas como “la fé” o “esto siempre ha sido así”. Comprendí que el mundo estaba mal hecho. Casi me echan de la Iglesia. 
Con el paso de los años he aprendido que no sólo es mentira lo que no existe, sino lo que nos ocultan o deforman para mantenernos sedados. Mi inconformismo e incredulidad me han llevado a un punto en el que me hago activista, terrorista o nihilista. Por eso he decidido desparramar toda esa amalgama de emociones, resignación y descontento en la creatividad. Escribo a menudo, dibujo aunque sea horrible, fotografío cuando puedo, compondría si supiera. Pero todos sabemos que la creatividad no es sólo arte, y yo intento aplicarla a todos los aspectos de mi vida (en la medida de lo posible). Trato de ver todo desde un punto de vista desconocido, prohibido, o incluso estúpido, dándole color a estos días tan grises que corren. Y ahora tengo miedo de que me echen del mundo. 
Miro siempre el planeta desde fuera, analizándolo, hasta no sentirme parte de él. A veces me abstraigo tanto que se me olvida que soy un ser humano. A veces no como o se me olvida dormir. La verdad es que siempre he deseado ser un ente imaginario basado en los miedos e ilusiones de aquél que quiera creer. 
En fin, supongo que la vida es dura para aquellos que deciden ver.