Everytime you close your eyes

Y yo no aparezco.

Porque nunca existí.

Porque nunca me fui.

Y merecer, lo que es merecer, ninguno.

Anuncios

Stop

Vuelvo a recorrer descalza el sendero fabricado con pinchos que recorre el laberinto de un cuerpo que nunca será enteramente mío. Me miro fijamente a los ojos, intentando desatar las manías que me oprimen y los miedos que me impulsan a cerrar mis párpados y no volver a reflejarme. Los pasos son cada vez más cortos, la respiración más entrecortada, y tras la puerta, puedo escuchar tu aliento. Diciéndome ‘ven’. Diciéndome que me vaya. Escucho los susurros que me mantienen cuerda mientras mi cabeza trata de desaparecer, de correr hacia un universo paralelo inventado en los sueños que siempre recuerdo. Y retrocedo. Retrocedo porque no puedo seguir, o porque no sé cómo termina la canción. Es probable que nunca la haya escuchado. Todas estas falacias, todos estos intentos, cada recreación casi satánica de figuras imaginadas, me atan a un mundo del que debería salir. ESTOY PROHIBIDA. ¿Lo entiendes? Soy la droga que me fumo cada día, y mira si he acabado mal. Soy las venas de una muñeca de porcelana, el pelo lacio, las ojeras, las miradas caídas y el mal. El mal en sí. El mal en mí.

Al límite

Sí, reconozco que más de una vez me retorcí en brazos ajenos, y no por crear dolor. No me refiero a infidelidad, no al menos física, sin darme cuenta me entregué al mal de otros ojos que quisieran ayudar a esta pobre infiel, pero infiel consigo misma. Más que nada me sentí abucheada. Lo que ya tenía no me bastaba. No me es suficiente nunca nada. Lo que consigo es estúpido, siempre hay una meta inalcanzable. El mundo parece tan descosido que no me da tiempo a levantarme. He llevado mucho peso a rastras, peso que he inventado, como siempre, y mi vida me dice que no puede más. Mi alma se echa a llorar. Pero yo no tengo de eso. Soy un ser inerte, creado por un dios inexistente, que mira a través de los ojos de un cuerpo humano, como cualquier otro, como cualquier día, como cualquier noche. No me drogo por miedo a ver la verdad. Alucinar ya de por sí no se me da del todo mal. Grítame, grítame, por favor. Que cuando lo haces siento que ya no soy yo. Olvido mi cuerpo. Todo es una obra de teatro. Soy un espectador de mi propia vida. Y aplaudiré hasta que caiga el telón.