Falso alumbramiento

Siento que al nacer esparcí mis vísceras, intoxicando mi entorno y a mí misma. Desde mi primer intento de ser persona, no he dejado de sangrar. Intenté llorar, y mira que lo intenté, pero sólo me salían gritos ahogados que sonaban a haber vivido demasiado. Y recuerdo mi primer diente, y utilizarlo como excusa para poder seguir gritando sin alterar el caótico orden de las cosas. Y mi primer insomnio. Hablar con el techo me enseñó a ser mejor actriz a la hora de hablar en el mundo real, que para mí sólo era un techo más grande y más pesado, que a veces contestaba.

Parece que han pasado dos días, vaya, casi dos vidas que llevo ya. Pasé de hacer como si me importaran las cosas a sobreactuar, y me convertí en una niña aparentemente mimada que lloraba más de lo normal. Pero claro, nadie se daba cuenta de que yo seguía hablando con el techo de encima de mi cama, mintiéndole para fingir que seguía viva como todos los demás. Hubo un tiempo en el que incluso llegué a creer en Dios, sólo por creer en algo, para no estar vacía; pero nada, no funcionó. Y luego me empecé a fumar los libros de dos en dos.

Y ahora os puedo por fin confesar…

que mi madre no me dio a luz, que luz no veo por ningún lado,

ni siquiera túnel por el que reptar.

No me dio a luz,

porque todo lo que hay en este mundo es oscuridad.

Inconsciente pero no del todo

Se deshicieron todos los pasos. Las cicatrices. Los abrazos.

Desgoteáronse todas las lágrimas, todos los vasos.

Y me desangré encima, toda entera, desde los ojos hasta las uñas de los pies.

Desde el ‘creo que empiezo a sentir algo’ hasta el ‘siempre te querré’.

Lo digo muy en serio, todo empezó a rebobinar. Calculé más o menos en cuánto tiempo, fueron tres eternidades nada más.

A veces desearía comprenderlo, pero ¡ts, ts, tsss! No me lo digas. Supongo que algún día lo descubriré.

Y serás el tendedero de esta amarga y envejecida piel.

‘Te quiero, just so you know’.

But just so you know, I never trust a happy song.

Lo que (no) soy

Desapareció hace tiempo.

El rubor de mis mejillas.

La verdad del atrezzo que te invita a mi humilde vida.

Desaparecí yo con ella, no nos engañemos, desaparecí tras el velo de lo que nunca seremos.

He vuelto a recordar lo que se siente cuando dejas de existir. He vuelto a desear no pensar, no respirar, no vivir.

Rímame muy adentro,

ay…

que ya no soy palabras, no.

No funciono ya, no.

Ya no soy versos ni tu ropa tirada por el suelo.

No soy ni caos, por no ser no soy ni el dolor que me descompone.

La autodestrucción en luces de neón. Eso soy yo.

Hacer el dolor

Que escribir bonito siempre significa sufrir, y yo no he venido a este mundo a ensuciar con letras las vastas murallas del sinsentido que nos rodea. No queda nada y no lo veis. No queda Apocalipsis porque nunca hubo Génesis y no lo veis. No encontráis la solución porque nunca hubo un problema. Y aquí estáis, y aquí estoy. Quejándonos de todo como si existiera. Es todo inventado y no lo entendéis. Que los inviernos y las luces y el color de las ciudades, que los coches y las miradas y las palabras con las que nos queremos. Que no. Que no son de verdad, que nunca estuvieron ahí y no lo veis. Tan ciegos y tan mentirosos. Todos tan humanos, tan tierra y tan escombro. Y puede que dormir durante milenios nos salve, puede solamente. Pero seguirá estando aquí todo eso que inventamos, seguirá escrito en los libros que no leemos y las manos que no nos damos. Hemos fabricado una cárcel de palabras en la que los besos no existen sin nombre y las ideas se esfuman si no las compartes. ¿No os parece triste? El simple hecho de vivir de cosas que no. Inventar palabras para definir conceptos que necesitamos que llenen esos huecos vacíos que nos dejan los hoyuelos que no nos regalan las sonrisas que nunca provocamos. ¿Acaso no lo veis? Claro que no. Claro que no vemos, porque no se ve nunca nada en un mundo que nunca existió.

Y vinieron, un poco más tarde, todas las mentiras, de la mano, a consolarme. A decirme que qué más da la verdad. Y todo risas y todo amor y nos quedamos aquí, de dos en dos, haciendo el dolor.