Lucidez

La más extraña de las mañanas me despertó. Y vi el Sol y me miré al espejo pero no era yo. Anduve cientos de kilómetros, y me acabé el café. Me encontré cara a cara con la realidad de su piel. Pero esta vez de verdad, era piel de la que no se puede tocar. ‘¡Basta!’, exclamé. Nadie me hizo caso y llegué hasta el infierno a pie. Encontré algunos escritos de mi adolescencia, cuánta razón y qué poca facilidad de palabra, en fin, al menos la ortografía se me daba bien. Recordé un dolor muy doloroso, de esos que olvidas para no soportar. Encontré muchos caminos sin andar y palabras que no dije jamás. ‘Era, soy, y seré idiota’, me recordé. Volví a la cama tras este breve atropello de mi propia lucidez.tumblr_mml95cmmAh1rnycmwo1_500

La sombra de las nubes

Sus ojos color marihuana, a cualquiera hacen perder la cabeza.

La locura de sus pinceladas, quizá más de la que debiera.

Bebimos un café o dos, quizá más de tres cubatas,

y pronto entendí que éramos experimento,

que ni remotamente éramos nada.

 

Exprimí cada segundo que me fue regalado,

me fumé sus ojos, me coloqué de su droga quizá demasiado.

Hubo lágrimas y cogieron su nombre,

hubo frío y hubo un millón de coches.

 

Era la ciudad, que nos envolvía,

y nos convertía en luces,

cuando nosotros sólo buscábamos ser melodía.

 

Pero qué cálido el pecho ajeno,

y qué válido todo su tormento.

Quienquiera que fuera, sabía escapar de los caminos que yo invento.

Quienquiera que fuere, sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

 

Y me tentó más de una vez, con sus manos de cigarro,

y me tentó y me hizo ver, que no éramos más que cuatro tristes manos.

Ficción

Mejor dejo de leer historias ya, que estoy harta de no ser protagonista e inventarme mil cuentos para existir aunque sea en mi cabeza. Miro demasiado al cielo, me como demasiado las uñas. Soy la imperfección de cualquier pasado perfecto, de cualquier tiempo verbal, de cualquier tiempo pasado fue mejor porque lo mejor no existe si no tienes a nadie con quien llorar.
¿Y por qué todo esto? ¿y por qué ahora? Empecé a leer un libro, ya saben, de éstos que empiezas por aburrimiento y acabas por muerte súbita de tanto que te hace revivir. Empecé a leerlo y me absorbieron las páginas. Me hicieron cortes en los brazos y aún me tiemblan las pestañas. He llorado encima de ese libro, más que sobre cualquier hombro. He amado dentro de él. He acabado odiándome por no leer cada párrafo dos veces, por no memorizar, por no besar cada letra y amar como se merece cada capítulo. Lo he leído entero, de arriba abajo, y no le encuentro final. ¿Qué final va a haber? ¿Cómo se acaba algo que no sabes ni por dónde empezar? Verán, este libro no es libro, es algo más. El libro es su piel y es el lienzo de verdades que siempre estropeo con la media sonrisa que le emboba. No es sólo eso, no, es más. Son mil historias en una y doscientos viajes por lunar. Ese libro es Besar. Es la palabra, es el concepto, es el ‘te quiero pero no vuelvas más’. Es un dolor punzante en la tinta que no puede terminar de perfilar el punto y final.
Y taladrar a bocados los versos que no me regalas.
Y que me comas la boca como te comes la cabeza.
Con tu sonrisa de doble filo.
Con tus ojos color dolor.
Y sin nada.

Mátame

Miénteme en el agua
ahógame en palabras
Recítame en versos
y los besos te los guardas

Quiéreme
piel a piel
No me tengas por tener
No me robes
no me duelas
pero duéleme bien

Suspírame
en un par de miradas
Fusílame
cada mañana

Piérdeme entre las sábanas
me encuentro en tu ombligo
que me encuentro rápido
si me encuentro contigo

Intoxícame
con minutos de juguete
en nuestro castillo utópico
tras un foso y ningún puente

Retuérceme entre tus brazos
asfíxiame sin querer
mírame como nunca
mátame como cada vez

11/11/11

I’m not ready

No para esto. No así. No en mi cuerpo.
No estoy preparada para desangrarme en otras manos, para desaparecer, extirpada del mundo y de mí misma.
No quiero retroceder, no quiero avanzar, no quiero estar.
Quiero dejar de pensar.

Y dormir durante toda la eternidad.

No quiero verme, no quiero verlo, no quiero desnutrirme a cada soplo de viento.
Ni depender de que me miren esos ojos, 
ni depender de que les apetezca ver mis sollozos o no.
Ni reírme si sonríe, ni llorar si me aniquila.
Y así,
es como me destrozo.
De mí,
me despojo,
me hundo.
Otra vez.
Otra puta vez.