Nothing ever changes

Es curioso el vacío. La angustia que te doblega el alma, aún cuando no hay nada que doblegar. Puede que todo sea, al fin y al cabo, una lucha eterna por la auténtica (y única) percepción de la utopía. Lo irreal, lo perfecto, eso a lo que nunca llegamos. Aspiramos a nada, suspiramos por todo. Caemos en la inevitable evidencia de la fragilidad e inutilidad de nuestra existencia. A veces, sólo a ratos, sólo cuando estamos completamente perdidos o intentando perdernos. Es entonces cuando nos damos cuenta de que no existen las horas perdidas, los minutos vacíos, ni siquiera la verdadera soledad; que somos nosotros. Que somos dolor. Estamos destinados a caer en una maldita espiral de preguntas sin respuesta mientras vivimos, minuto a minuto, una vida normal, como la de cualquier estúpido animal.
Always stays the same
Nothing ever changes
English summer rain
Seems to last for ages
I’m in the basement
You’re in the sky
I’m in the basement baby, drop on by
Hold your breath and count to ten
Fall apart
And start again
Start again
Start again
Start again
And I can’t sleep, without your breathing, 
and I can’t breathe each time you’re leaving… 
And I’ll pray you won’t stay away… 
That you’ll come back to me someday.

Más Placebo en vena o córtamelas.
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Perder el sentido

Volverse loco. No ser más  que uno mismo, reír hasta ahogar las lágrimas. Recordar que todo fue mejor y que puede que algún día lo sea. Aferrarse a la esperanza, con pensamientos encontrados, rectificar incertidumbres, borrar los miedos de un futuro mejor.  Empezar un nuevo capítulo, de repente, sin huir, luchando por conseguir las metas más imposibles.
Y yo me voy. A otro país en lo más profundo de mis entrañas, a un lugar en el que nadie me encuentre, mucho menos yo. Me voy a ser yo misma en otro sitio, que aquí no me conocen, voy a gritar en mi burbuja hasta quedarme sin aire. Estaré a años luz de mi alter ego.
Estaré donde nunca he estado.
Pero de alguna manera seguiré conectada, por un fino hilo que une la razón y el desorden, a mi otra yo, esa que sigue con los pies en la tierra. Simplemente me contará lo que pasa. Me dirá que todo va bien, que desde que me he ido todo va mejor. Que ya no piensa tanto, que su vida es más sencilla, que los demás no sufren por mí.
Es por eso que me quiero ir.
Y si pudiera, ésto sería una carta de despedida.

You don’t care about us

Jugaré a no mirar por las esquinas de mis cielos, mientras van cayendo esas lagrimillas de felicidad que me invento al despertar. Es cuestión de confianza, una por ti, una por mí. Seguiré queriéndome un poquito menos por muchos años que pasen, por muchas arrugas que se me escapen de las manos.
Y son esos sudores fríos que rodean mis pensamientos, son esos dolores de mis palabras, los que me hacen describir una y otra vez más, letra a letra, lo que resuena en los poros de mi piel. Si no fuera más que otro trozo de papel el que me obliga, me sentiría tentada a hacerlo mucho mejor, a escupir mis sentimientos sobre este lienzo de verdades. Pero no hay nada más. Soy yo la que se espía a sí misma, y no tengo más fuerza, pierdo decibelios en cada párrafo, mi inspiración brilla, y brilla por su ausencia.
Estas son noches de no dormir, noches de soñar que no existe el tiempo, que nunca ha pasado nada y que nunca volverá a pasar. 
A veces se me olvida quién soy. Son esas veces en las que consigo ser yo. Y a veces pienso que ni con esas, a veces pienso que nadie es nadie, si les dejas…

In my glass coffin,
I am waiting

Volar

Sentir el hielo en mis pulmones, el miedo en la sangre y un poco de alcohol en el cerebro. Lo más parecido a ser omnisciente es morir. Soy tan joven e inculta. Seguiré trepando por las ramas de mis años hasta que no quede cima, hasta que no me quede vida y quizá así lo consiga.

Le he hecho un pequeño desgarre a mi disfraz de humana. Llevaré más cuidado.

Every me and every you

Es como un estúpido escalofrío que te recorre el alma y te hace evadirte del mundo, o más bien de la realidad. Unas gotitas de ilusión mezcladas con esa desesperación adolescente que tanto echamos de menos a veces. Es como caer, y como levantarse. Sonreír y salir de casa sin peinarse. Saltar por la calle, no pensar en nada. Cantar sólo con los labios y estar siempre impaciente. He esperado demasiado tiempo para volver a sentirlo y no creo que lo pueda aguantar otra vez. Y sigue sin importarme lo que los demás piensen cuando me miran… me esconderé con esa sonrisilla traviesa y recordaré lo fácil que es para mí respirar bajo el agua. Y es que he esperado demasiado tiempo para volver a sentirlo. Y dejar de respirar. Y volver a empezar.
Vuelvo a mirar las olas a través de mis gafas verde esperanza, sentada en las llamas del fuego que llevo dentro, siempre a lomos de mi inconsciencia. Me hace gracia. Son las únicas palabras que puedo repetir infinitas veces sin que dejen de tener sentido. Como cuando un vaso está vacío y lo llenas. Como cuando hace frío y te abrigas. No sé. Algo tan natural como el caos.
Y dar vueltas, sin sentido, sin ningún rumbo coherente, con la simple certeza de que todo saldrá bien. Entre colores pintados con escala de grises, suspiros de bocas entreabiertas y unos cuantos agujeros negros. En ese abismo en el que sólo estoy yo. Ahí donde se encuentran el mal y el bien, en un punto infinito antes de nacer. Gracias, gracias otra vez…
Sé que me protege cuando estoy, que me echa de menos cuando me voy. Me encanta saber que no soy la única que pierde la cordura de vez en cuando. Pero es que se vuelve el aire tan claro, la vida tan irreal y el tiempo tan efímero.
Siento cómo renazco, cómo vuelvo a morir, cómo llego al cielo sin moverme de aquí.
Soy mi propia enfermedad, una afección sin cura, imposible de medicar, imposible erradicar el dolor que siento. Necesito algo que me mejore, necesito volver a sentirlo.
Ponme un poco de placebo.
Ponme un poco de Placebo.