Escala de grises

Y tu sonrisa iluminando la escena del crimen. 
Yo nunca fui, yo nunca soy, yo nunca seré para ti lo que tú quieres que mienta con los ojos. Deslízome entre tus dedos, me caigo, me deshago, me desahogo y te reencuentro con los brazos abiertos. En un abrir y cerrar de alma, volvemos a estar tú y yo. Con las manos manchadas de sangre, sí, pero tú y yo. He empezado a escribir un diario, ¿sabes? Intento contar las veces que me hiero, las veces que te hiero. Cuento mis latidos, los apunto. Y, vaya, aún no apunté ninguno. Es curioso que todo esto, que parece tan celestial, tan ajeno y mágico, esté fabricado con los retazos del infierno del que conseguí deshacerme. Brevemente. Creo que he vuelto a no ser nadie. Sólo carne, sólo hueso, sólo suya, sólo besos. ¿Y qué ser si no? ¿Un eterno retrato del perfecto ser humano? ¿Una persona humilde, con unos principios bien asentados? Prefiero evitar el sucidio ahogándome en su saliva. Disolverme, esparcirme, mezclarme con la nada empapada de sudor y de miradas.

No muy allá

No es que yo sea de un lado, ni tampoco soy de otro. Hace unos años descubrí que la manera en la que yo pienso la suelen llamar “de izquierdas”, pero no sé, no termino de identificarme. Ni sí ni no. El típico Ni-ni que nos corroe últimamente. Soy de una generación a la que no se le explicó lo que eran las elecciones hasta que no tuvo que votar. De esas que se estudiaban la historia de España de pe a pa sin entender una palabra. Soy de esa generación que ni se moja ni se deja de mojar. Y es que así me educaron, a mí y a la mayoría de los de mi especie.
Desde que nací he sido conformista. No he tenido hambre. No he pasado frío. Por eso siempre me he callado ante las inoportunidades de la vida. Pensaba “¿para qué, si nada cambiará?”. Pero hoy, hoy no aguanto más. Ante el panorama actual no hay otra cosa que pueda hacer que indignarme. Y ya no es por los votos, ni por Zapatero, ni por sus respectivas putas madres, sino por España. Y mira que no soy patriota pero…
Estamos hartos de este maldito bipartidismo que parte a España en dos y nada más que en dos, joder, que somos millones y millones y no pensamos ni mucho menos de forma parecida. Que quiero que por primera vez se me represente, que se supone que vivimos en una democracia y yo no veo dónde he aportado nada. Vote al que vote, hará lo que quiera conmigo y todos los demás secuaces.
Que estamos hartos de esta censura políticamente correcta que lleva España en la sangre de todos sus políticos y demás autoridades. Que no se puede consentir que nos maltraten de esta manera. Somos muchos, muchísimos más que ellos y estamos muy cabreados. Esperemos que todo lo que está sucediendo sirva de algo.
Esperemos, como mínimo, que los demás países sientan vergüenza ajena ante nuestro gobierno y entiendan que nosotros, el pueblo, no somos de la misma raza que nuestros gobernantes.
Se acabó el conformismo, se acabó la memocracia.

Luchar

¿Nunca os ha pasado? De repente el mundo se da la vuelta y todo se vuelve en contra tuya. Hasta cuando te miras al espejo sientes que se burla de ti. Ese extraño que viste como tú y se mueve como tú… pero claramente superior a ti. Una mirada inocente, un comentario tonto, un movimiento casual y tu día se va a la puta mierda. Al rato te das cuenta de que eres tú el que intenta hacerte daño. Tú y nadie más que tú. O en este caso yo. Sigo en esa eterna lucha contra mí, en la que ni gano ni dejo de ganar. En la que pierdo todos los días. Una lucha infinita: mi alma, mi yo, contra mi razón y mi realidad. Ojalá pudiera salir de este cuerpo de vez en cuando.
Y respirar.
Es entonces cuando me empiezan a sangrar las manos, y no consigo levantar la cabeza. Alguien viene y se me acerca, no consigo distinguir su cara, pero me dice “¿estás bien o quieres otra?” y caigo otra vez, caigo más hondo de lo que nunca había caído, y se me cierran las puertas para no poder retroceder. Y no hay gravedad, ni tiempo, sólo tempestad. Mi mirada se desvanece y mi cuerpo para de sufrir. Yo dejo de jadear y mis ojos dejan de mirar. Desnuda en el vacío. En una especie de piscina fluorescente. Lejos de todo lo que alguna vez conocí. En mis sombras, en un interior algo estúpido, algo feo y algo irracional. Atisbo una mano pero… es demasiado tarde y
me hundo
más.
Así estaré a salvo.