Please

A veces no sé si nos separan los kilómetros o la razón. Y si llegaras a sentir la mitad de lo que yo siento cuando te pienso, y si llegaras a ver a través de mis ojos lo que yo no veo, podrías comprenderlo. He estado atada bajo la luz del sol durante eternidades incontables y ahora, que por fin puedo acariciarlo, soy tan ingenua, tan coqueta, tan estúpida y niñata, que me entierro bien profundo para no volver a ser tentada, y para serlo cada día.

Tu idioma es el único que entiendo, pero eso tú nunca lo entenderás.

Y ya no sé

Iba a escribir algo sin sentido. Algo que explicara lo que siento. Algo que explicara todo lo que me duele, algo que explicara todo lo que llevo dentro.
Iba a escribirte una poesía, quizá una carta, o una parrafada llena de insultos. Podría escribirte mil cosas que ya escribí, repetirme una y otra vez, retratarte en todos los versos, dibujarte en las rimas y recrearme en mis propias palabras.
Iba a escribirte, algo que ya no sé hacer.
Podría escribirte, pero… ¿para qué?, podría indagarme, podría dolerme, podría cortarme. Podría sangrarte en este trozo de papel. Podría derramarte la tinta de mis lágrimas, y volver para recoger mi desgarrada piel. Pero.. . ¿para qué?
Iba a escribirte algo… Y ya no sé.

Left in hell

El tacto familiar de tus dedos tecleando mi espalda, y tus ojos, ávidos de volver a conocerme cada segundo. Dos pieles en una, dos vidas, un camino roto. El idioma que reinventamos día sí, día también. Las noches salvajes, las mansas mañanas, los días libres, los paseos por tus miradas. Mis llantos, tus lágrimas, mi dolor, tu debilidad… Todas las palabras que cruzamos, cada una de las veces que nos equivocamos, cada canción que tarareabas en mi oído, y todas las veces que te dejé de amar, y todas las veces que no te amé, y todas las veces que nos quisimos, todas las veces que pudimos, y cuando nos rendimos.
Todo, todo, todas y cada una de las veces.

Crying both of you

Me dueles. Me dueles tanto que casi no puedo respirar. Me aprieta, me ahoga, me derrite. Me derramo. Me desgarras por dentro, me inmunizo a la luz. Me hieres, me curas, me quieres, me sudas. Siento un bisturí atravesando mi piel hasta llegar a mi alma, abriéndome poco a poco mientras me desangro en la cama, escupiendo dolor desde mis entrañas. La oscuridad que nunca quise ver pero que siempre estuvo ahí, viene ahora a hacerme compañía y… creo que podemos ser amigas. No sin antes suicidar a mi felicidad, esa que tanto me cuesta siempre encontrar. Voy a desnudar mis pensamientos en la barra de cualquier bar. Voy a desahogarme, ahogándome en el vodka de cualquiera que me quiera invitar. Voy a vomitar toda la sangre que me tiene colapsada, esta es la gota que colma el lago. Me duele la garganta de tanto callar. Mis suspiros, tus susurros, me bloqueas, ni me inmuto. Lejos, cerca, qué más da. Los kilómetros para el corazón sólo son unos minutos más… y qué importa esperar. No estoy segura de…
Y todos esos trozos de recuerdos, de sonrisas que me fueron regaladas, y estas lágrimas que enmarcan mi estúpida cara, son los únicos testigos de la guerra que está habiendo en mi interior. Este hedor insoportable que parezco emitir, que no me aleja de nadie, solamente de mí, me está empezando a hundir. Hazme un favor: deja de existir. Quiero recuperar la independencia de mi cerebro ante mis emociones, que siempre ganan todas las batallas, y soy yo la que sale perdiendo. Me quiero amputar las venas para dejar de preguntarme si debería cortármelas. Ya no lloro lágrimas, lloro rímmel frío y descosido, rímmel para que no me puedas conocer. Para que nadie me pueda ver. Deja de ser mi pesadilla, deja de ser mi sueño, deja que deje de recordarte, deja de poseerme, déjame ser mía, devuélveme mi silueta, que prometo no dársela a nadie más…

Vuelvo una vez más a ser una inútil, mediocre, celosa, estúpida ansiosa por ser tu piedra preciosa. Sólo soy una zorra más en este mundo de mierda.

I’m the enemy.

No hay solución

Recórreme los huesos, que los tengo helados. Están rotos y maltrechos de estar tanto tiempo en mi escondite, ese que tengo justo detrás de las lágrimas, donde me guardo lo que nunca lloro y lo que nadie sabe. Porque nadie sabe nada, ni siquiera yo. En realidad no hay nada que saber, quizá eso sea lo que más me duele. Nada es especial, nada es único ni original.
Pero está todo tan lleno de vida, tan lleno de amor, repleto de cosas que no existen, invenciones que creamos para paliar nuestras ganas de vomitar muerte por las esquinas, que casi casi consigo que mis ojos brillen al mirar. El reflejo de las cosas que nunca fueron, la sombra de las cosas que serán; todo encadenado, aterciopelado, envuelto y nosotros maniatados. No hay nada que hacer ya. Nuestro destino está escrito, pero no hay nada escrito porque no hay un final. ¿Qué pretendo entender? Voy a seguir un ratito más escondida, que se está mucho mejor, ya que no tengo que actuar.

Y recórreme otra vez. Siente mi calor con tus manos. Desgasta mis labios con el roce de tu alma. Canaliza tu pasión mediante miradas desgarradoras. Acaricia mi dolor. Cúrame e intoxícame. Respira en mi boca, prueba mis ganas, destroza mis llantos y gánate cada una de mis palabras. Sé mi poesía. Mis ganas de vivir, mi suicidio diario. Mi elucubración más preciada. Mi juguete sin romper, mi aliento, mi nada.