Veneno

Hasta el más dulce perfume nos hace vomitar si tratamos de beberlo en un intento de curar el hambre insaciable que nos provoca su aroma.

Creí que todo esto era ciencia ficción y no es más que drama barato: me ha salido mal el rodaje. Trencé mi humo a las nubes y no fue demasiado bien, como un error ortográfico que cometes una y otra vez. Y trato de escapar, que sí, trato de huir, pero mi manera de correr es aferrarme más a ti.

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Respirar, saltar, respirar

Y dime cuándo.
Se nos escaparon los días tratando de respirar demasiado. Nos daba demasiado miedo, demasiado asco.

Y cuántas veces te has inventado la sangre roja de tus venas, has emancipado la razón, tratando de evadir ese abismo que te supera.

Logramos estar completamente solos bajo el insoportable ruido de todas las televisiones del mundo, y nos vomitamos los unos a los otros, entre risas, fingiendo que aún tenemos el alma que se nos robó al nacer. No, no me pidáis volver a ese mundo de papel, que prefiero mil veces morirme de tanto fumar mirando por la ventana en la que tantas veces me planteo el vacío y mi cara contra el pavimento.

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Falso alumbramiento

Siento que al nacer esparcí mis vísceras, intoxicando mi entorno y a mí misma. Desde mi primer intento de ser persona, no he dejado de sangrar. Intenté llorar, y mira que lo intenté, pero sólo me salían gritos ahogados que sonaban a haber vivido demasiado. Y recuerdo mi primer diente, y utilizarlo como excusa para poder seguir gritando sin alterar el caótico orden de las cosas. Y mi primer insomnio. Hablar con el techo me enseñó a ser mejor actriz a la hora de hablar en el mundo real, que para mí sólo era un techo más grande y más pesado, que a veces contestaba.

Parece que han pasado dos días, vaya, casi dos vidas que llevo ya. Pasé de hacer como si me importaran las cosas a sobreactuar, y me convertí en una niña aparentemente mimada que lloraba más de lo normal. Pero claro, nadie se daba cuenta de que yo seguía hablando con el techo de encima de mi cama, mintiéndole para fingir que seguía viva como todos los demás. Hubo un tiempo en el que incluso llegué a creer en Dios, sólo por creer en algo, para no estar vacía; pero nada, no funcionó. Y luego me empecé a fumar los libros de dos en dos.

Y ahora os puedo por fin confesar…

que mi madre no me dio a luz, que luz no veo por ningún lado,

ni siquiera túnel por el que reptar.

No me dio a luz,

porque todo lo que hay en este mundo es oscuridad.

Inconsciente pero no del todo

Se deshicieron todos los pasos. Las cicatrices. Los abrazos.

Desgoteáronse todas las lágrimas, todos los vasos.

Y me desangré encima, toda entera, desde los ojos hasta las uñas de los pies.

Desde el ‘creo que empiezo a sentir algo’ hasta el ‘siempre te querré’.

Lo digo muy en serio, todo empezó a rebobinar. Calculé más o menos en cuánto tiempo, fueron tres eternidades nada más.

A veces desearía comprenderlo, pero ¡ts, ts, tsss! No me lo digas. Supongo que algún día lo descubriré.

Y serás el tendedero de esta amarga y envejecida piel.

‘Te quiero, just so you know’.

But just so you know, I never trust a happy song.

We thought we would last forever

Eternal skin dropped by our bloody wrists.

But now we’re not,

‘Cos we’re nothing else but losers in our own game.

ccryQue se acerca el fin del mundo y ojalá.

Las partes quebradas de las esquinas de nuestras almas dobladas por el estúpido peso de los no-besos y así.

El renacer de las entrañas que nos invoca, que nos incita y nos retiene. Regalándonos los escalofríos de los que nos alimentamos.

Los vestigios (y sueños, y deseos, y mentiras, y anhelos) de lo que alguna vez llegamos a imaginar.

Nos tienen maniatados.

Y menos mal.