Soy mi propia sobredosis

El desencanto de las noches perdidas, el azul del cielo, el dolor de los días, el amor desnutrido, la muerte acechante. Todo marchita a la velocidad de la luz que nunca existió, perdiéndonos, encontrándonos en cada pozo inventado por un inexistente Dios.
Nada existe si no miras.
Nada es real si no es mentira.
No encuentro mi lugar, no me encuentro a mí misma, soy un tachón en una frase sin sentido; un cuaderno viejo, mordido y raído.
Estoy empezando a temblar,
creo que no existe nada más.
Me duele la cabeza, y las uñas, me duelen los ojos, los años, me araña la vida, tus dedos, me rasgo las heridas, mi temor, tus miedos, mi agonía.
Soy un signo de interrogación mal dibujado,
el paréntesis que nunca es cerrado,
el aliento sin aliento de cada mentiroso,
la vida y la muerte de todos nosotros.
Ahora que ya no tengo tu retrato frente a mí, mi reflejo no se digna a aparecer.
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Desaparecer

Seré rodeada por la angustia que me lleva despertando todos estos años. Las sombras que me persiguen guiarán mi camino porque ya no tengo miedo. Me voy, de la mano de mis más oscuros temores, con una sonrisa dibujada con lágrimas y pintalabios deshecho. En este mundo no hay nada que hacer ya, se pudre, se muere, se desintegra. Lo más sensato es desaparecer. Ya no veo los árboles que enredan a las nubes, ni veo el sol cegándome, no puedo ver los pájaros, no puedo sentir mi alrededor. No necesito seguir fingiéndole a un espejo que nunca se preocupó por mí. Mis manos ya no reconocen mi rostro, ni mucho menos mi interior, ya no soy yo quien habla, no soy yo quien ama, no soy yo esa que sonríe al objetivo de cualquier cámara. Mis uñas ya no me sirven para desgarrarme, mi dolor ya no me sirve para inmutarme. No es suficiente. Deseo ver mi sangre recorriéndome, bañarme en su calor, ahogarme en mí misma. Desaparecer. Voy a acariciar el suave rostro de mi próxima vida. 

Pieces of April

Si cada persona con la que nos cruzáramos escribiera una historia de nuestra vida, si cada una de las miradas que nos atraviesa día tras día decidieran nuestro futuro. Cada reflejo de cada espejo en el que salimos dibujados. Cada huella en el pasamanos, cada cajera de cada supermercado. Si cada uno de ellos intentara retratar nuestra efímera presencia en su vida, sería la mejor descripción que podríamos llegar a tener de nosotros mismos. Como un collage hecho de pequeños recortes.
Y es que no somos más que eso, recortes de periódico, utilizados, malgastados y mal contorneados. Somos un montón de pequeñas cosas que nunca significan nada, excepto para los que conocen el resto. No tenemos sentido, vivimos bebiendo información de los demás, plagándonos de pensamientos ajenos y teorías que ni siquiera comprendemos, en un mundo que no hemos fabricado, pisando un suelo que no volveremos a pisar. Somos efímeros, sí, pero algo permanece. Siempre quedan algunas de las piezas que nos formaron alguna vez, esparcidas sin plaza fija por más mentes de las que podemos imaginar.
Insegura, olvidadiza, inquieta, demente.
Cada cual te conocerá como y cuanto quiera, pero sólo tú tienes el collage completo. Y decides con quién compartirte.

Beatrix Kiddo

Lo común en una historia de mitología es que por un lado está el superhéroe, y por el otro está su alter-ego. Batman en verdad es Bruce Wayne, Spiderman es en realidad Peter Parker. Cuando ese personaje se despierta por la mañana, es Peter Parker. Tiene que ponerse un traje para convertirse en Spiderman. Y es en esa característica en la que Superman, no tiene semejante. Superman no se convirtió en Superman, nació siendo Superman. Cuando se levanta por la mañana, es Superman. Su alter-ego, es Clark Kent. Ese traje, con la S en rojo, esa era la colcha con la cual estaba envuelto de bebé cuando los Kent lo encontraron. Esa es su ropa. Lo que usa Kent, las gafas, el traje de negocios, ese es el disfraz. Ese es el traje que utiliza Superman para mezclarse entre nosotros.

Nunca me sentí más ignorada por mí misma que 
en el momento en el que subestimé mi existencia. 
El mundo es injusto y cruel y todos lo sabemos. Pero a nadie le importa eso. Lo único claro es que tú a las 9.00 tienes cita para hacerte una puta pedicura para la boda del hermano del capullo del ex novio de tu amiga del instituto. Y tienes que estar perfecta. Porque es lo que espera el mundo, y es lo que esperas tú. Lo que desconoces es el potencial del ser humano. Infravaloras el peligro de una mirada y la repercusión fatal que pueden tener tus palabras. 
Siéntate en los bancos de la izquierda, donde se sientan los invitados del novio, justo al lado de tu amiga y levántate y ponte a gritar sin parar en medio de la ceremonia. ¿Ves que bien? Has conseguido estropear el recuerdo más bonito que podría tener en su vida la mujercita vestida de blanco que está plantada en el altar mirándote boquiabierta. En unos segundos. 
La gente espera que las demás personas sean civilizadas, ¿pero qué es lo civilizado? ¿Por qué mi libertad acaba donde empieza la tuya? Acabará donde a mí me de la gana, porque yo la controlo. Porque es tu cuerpo y son tus actos, y nadie de tu alrededor ha podido impedir con sus estúpidos roles sociales que te pongas a gritar. Y ahora, cada vez que recuerden esa boda, cada uno de los familiares tendrá en su cabeza “¿Recuerdas la loca que se puso a chillar?”, y tanto que se acordarán. 
Así de estúpido es el mundo. Así de fácil de arruinar. Y lo mismo con todo, si no te pones el estúpido disfraz de persona, acabarás en la cárcel, o peor, en el manicomio. Y te llamarán loco por pensar distinto, porque así es más controlable. De esta manera todo está bien. Esa puta que no te importa una mierda se puede casar tranquilamente porque tú estarás callada mirándote la pedicura y todo el mundo mirará el precioso álbum de la boda sin ningún incidente.
¿Nunca os habéis preguntado porqué es tan incómodo saludar a un conocido que ves en la calle? ¿Por qué hay gente que se cambia de acera? ¿Por qué agachamos la cabeza? La respuesta es la misma mierda. No tenemos ni idea del protocolo social que debemos seguir. ¿Holaquétal? ¿Dos besos? ¿Cómo te va todo? ¿Saludar con la mano y seguir adelante? Es todo tan… superficial. Inútil. 
Todos somos pequeños supermanes disfrazándonos cada día esperando a que pase el tiempo. Lo malo es que todos nacemos sin disfrazar y la mayoría mueren disfrazados. Creyendo que son lo que nunca fueron, creyendo que son lo que siempre fingieron.

Deberíamos ser un poco más Beatrix Kiddo.

Soy yo mi propia ama

Y con eso, tengo todas las de perder.

Son esas las palabras que te hacen escupir tu alma poco a poco. Unas pocas letras y todo lo que queda de ti es una pared impregnada de vómito con grumitos de lo que algún día fuiste. Y pensar que pueda llegar a hacer tanto daño una idea plasmada en palabras, un pensamiento nunca visto.
Y ahí estás tú. En un banco perdido en el abismo de tus defectos, en un diario maloliente y peor escrito. Expulsando hasta el último recuerdo de tus adentros. Llorando hasta que tu vómito se confunde entre tus lágrimas. Si no puedes ni mirar al frente, no intentes mirar atrás. 
La vida es demasiado triste como para dejarla marchar.
Échate un poquito de sal en las heridas, que así escuecen más. Así podrás notar que estás viva, así todo esto se pudrirá. Pero pretendes arder en el infierno, el paraíso de los desheredados, para poder quitar pétalos a flores marchitas de esas que te inventas en tus sueños más amargos. 
Ojos vidriosos reflejando utopías de mierda.