Taxis y gin-tonics.

Me pinté los labios color mariposa y salí a darlo todo en los tacones que nunca me pongo. Un gin-tonic, un ron cola y un par de canciones tristes de banda sonora. Fue suficiente para darme cuenta de que entre toda esa gente, yo estaba sola.

Taburete pegajoso, tacones al suelo y tequilas sin compañía. Así fue la noche que tuvo la mañana más fría.

Las medias estaban rotas, pero no fue de bailar. Yo creo que se rompieron de tanto desesperar.

Autobús, taxi o kilómetros a pie, daba igual. El tiempo era infinito como un eterno madrugar.

Y recorrí todas las pistas de baile pero ninguna bauticé, respondí mil guiños pero ninguno me lo llevé.

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