Más perdidos que.

Como títere en sus manos me partió, y partimos los dos
entre trenzas y trenes y suspiros y vaivenes
maletas vintage o rotas sin más

Me llevó la velocidad de los árboles en el reflejo de la ventana en sus ojos. Me llevó muy muy lejos, a canciones de pop de los 80, a saltar en los charcos de barro, a cansarme de llevar las gafas puestas y a despreocuparme cada dos por tres.

Pero volvía rápidamente a la realidad, a contar los lunares de su cuello, a leer los cortes de sus labios, a inventarme un idioma en sus manos.

A pasar página muy muy lento. Como si acabara el libro ya,
como si no hubiera final.

Taxis y gin-tonics.

Me pinté los labios color mariposa y salí a darlo todo en los tacones que nunca me pongo. Un gin-tonic, un ron cola y un par de canciones tristes de banda sonora. Fue suficiente para darme cuenta de que entre toda esa gente, yo estaba sola.

Taburete pegajoso, tacones al suelo y tequilas sin compañía. Así fue la noche que tuvo la mañana más fría.

Las medias estaban rotas, pero no fue de bailar. Yo creo que se rompieron de tanto desesperar.

Autobús, taxi o kilómetros a pie, daba igual. El tiempo era infinito como un eterno madrugar.

Y recorrí todas las pistas de baile pero ninguna bauticé, respondí mil guiños pero ninguno me lo llevé.