Falso alumbramiento

Siento que al nacer esparcí mis vísceras, intoxicando mi entorno y a mí misma. Desde mi primer intento de ser persona, no he dejado de sangrar. Intenté llorar, y mira que lo intenté, pero sólo me salían gritos ahogados que sonaban a haber vivido demasiado. Y recuerdo mi primer diente, y utilizarlo como excusa para poder seguir gritando sin alterar el caótico orden de las cosas. Y mi primer insomnio. Hablar con el techo me enseñó a ser mejor actriz a la hora de hablar en el mundo real, que para mí sólo era un techo más grande y más pesado, que a veces contestaba.

Parece que han pasado dos días, vaya, casi dos vidas que llevo ya. Pasé de hacer como si me importaran las cosas a sobreactuar, y me convertí en una niña aparentemente mimada que lloraba más de lo normal. Pero claro, nadie se daba cuenta de que yo seguía hablando con el techo de encima de mi cama, mintiéndole para fingir que seguía viva como todos los demás. Hubo un tiempo en el que incluso llegué a creer en Dios, sólo por creer en algo, para no estar vacía; pero nada, no funcionó. Y luego me empecé a fumar los libros de dos en dos.

Y ahora os puedo por fin confesar…

que mi madre no me dio a luz, que luz no veo por ningún lado,

ni siquiera túnel por el que reptar.

No me dio a luz,

porque todo lo que hay en este mundo es oscuridad.

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