Perderme

Hacía tiempo que no recorría el sendero que tanto me gustaba cuando era tan sólo un crío. El resquebrajar de las ramas secas bajo mis sandalias, marcando el ritmo de mis pasos, me hacía sentir un poco menos solo. A mi alrededor me miraban, erguidos, árboles milenarios cuyas copas cubrían el cielo creando sombras tenebrosas que se reflejaban ante mí. Olía a nuevo. A naturaleza fresca, llovida. Caminé durante unos minutos más. Caminé durante horas hasta sentirme verdaderamente libre. Conseguí llegar a lo que en algún momento había sido mi único refugio: una pequeña cabaña que ya casi no se sostenía en pie. Me senté bajo esos palos rodeados de infinitas enredaderas y cerré los ojos. Podía oír el agua de un pequeño riachuelo pasando cerca de allí. Se respiraba tranquilidad. No os voy a engañar, unos cuantos mosquitos me dieron la brasa durante los diez primeros minutos, pero en seguida se cansaron – o dejaron de molestarme -.

Perdida en un mapa que me sé de memoria,

formado por tu piel, mis manos y mis lágrimas (de mentira).

Todo fue un juego y no lo entendiste,

lo estás perdiendo desde que te fuiste.

:]

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