Destripada

Destripada. Y maltrechamente desatada por el sudor de tus entrañas, me hallo encaramada en lo más alto del subconsciente inexistente del amor que no me diste, inventado tras los días, idolatrado tras los años, sobre todo maniatado por mis pupilas dilatadas. Te vigilo. Si no lo fuiste, ahora serás mío. Desfallece ante mí, no me insultes con tu actitud, merezco un poco más de respeto de alguien como tú. ¿Quién eres? Jamás te había visto, ya no reconozco mi iris en los espejos, en los cristales rotos que rodean mis pies sangrantes. Ya no recuerdo nada. He despertado vagabunda y vagabunda permanece mi alma. Me gustaría que me pillara por sorpresa, pero siempre escribo en un raído cuaderno las cosas que no me pasan, y ahí estabas tú, y ahora te tengo que borrar. Y permíteme que te borre, y permíteme llorar.

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