Silencio

En las miradas de la gente, en el tacto de lo incierto, en un futuro imprevisto y en cada una de las malas decisiones.
Que los cafés los carga el diablo y tus labios son un terreno por explorar.
…Y despertarnos bien tarde para conocernos con las manos es una regla inquebrantable.
Somos como una tarde de invierno, como un vendaval sin frenos. Dos esculturas de hielo arropadas de calor hasta las cejas. El huracán. Los besos que te doy si me dejas.
Fue más de lo que nadie sabe. Sigue siendo incluso ahora. Me pegué un atracón de ti y aún tengo el sabor en la boca. 

Y tengo un miedo irracional. Mis escalofríos predicen que todo saldrá bien, mis entrañas que todo saldrá mal. Pero no creo que haya ninguna etiqueta moral en todo esto, ni bueno ni malo, simplemente perfecto.

Cuando estoy cegada soy mucho más feliz.

Cuento el tiempo en horas, minutos y suspiros. Que mi corazón ya sólo hace “tic toc” de tanto esperar. De tanto desesperar.

Espero lo fugaz, espero lo efímero, espero esos suspiros recreados en la memoria y nunca en el olvido. Un par de besos eternos. Esa conexión inevitable, esas miradas de sinceridad irrefutable. Tus manos. Mis ganas. Mi sonrisa y tus palabras.

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