Bisturí

Destrípame que quiero sangrarte todos estos renglones en la cara. Huye de mí con todas mis armas, que no vale de nada. Porque ya no me importa.

Quiero que te sientas culpable de cada lágrima derramada, de cada promesa rota, de cada gota de sangre desperdiciada. Y es que esto no es más que el principio del fin, otra historia más que no merece ser narrada. Pero aquí estoy yo escribiendo con mis dedos maltrechos y corruptos a lo largo de tantas decepciones, que han escrito más de lo que jamás le desearía a nadie. Y aquí estoy yo. Sola. Encadenada. Deshilachada y desaprovechada.
Que sigo siendo aquella niña estúpida, no te lo niego. Pero ahora cuando me castigan ya no lloro, me corroen por dentro todas las lágrimas que no expulso y, como ya sabes, me dan alergia. Casi tanto como tus besos. Soy amarga hasta la médula y no soporto el calor humano.
Y no estoy aquí para quejarme, sino para dejar constancia. Los hechos son muy distintos a lo que mis manos os cuentan, mis manos no escriben, mis manos lloran, y yo lo siento.
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