Yo.doc

Sí, estas son mis manos. Son las manos de alguien que ha asesinado brutalmente a su inconsciencia para poder superar sus miedos. Y esa sangre que chorrea entre mis dedos no es más que mi autoestima, hecha trizas tras una lucha frente a frente con la realidad. Mierda, ¿por qué no estaré loca? Esta cordura me va a matar, soy ignorante pero no lo suficiente, quiero dejar constancia de que…
Mi vida ha sido un camino tortuoso, es verdad, pero ésto sigue sin ser una nota de suicidio, por lo que aun quedan arduos caminos que recorrer, senderos que desgastar con mi bolígrafo y quizá algún que otro bache en el que partirme los dientes. No sé cómo explicarlo, aquí viene un punto y aparte en un párrafo más del diario de mis días.
Empieza un largo proceso de purificación, que serán los renglones que preceden a las mayúsculas. No sé que haré durante tantos caracteres en blanco, quizá me dedique a ver si puedo romper el bolígrafo que me lleva en volandas, quizá a matar el tiempo con mis manos, tan crueles como siempre.
Probablemente empiece un nuevo párrafo antes de lo debido, pero qué le voy a hacer, tengo alma de escritora en pena, aunque sea mal, tengo que rellenar folios y más folios de delirios y estupideces que nunca llegarán a un oído que los entienda.
Y probablemente el siguiente sea el último. Así que más me vale escoger una buena portada, una buena dedicatoria y poner una sinopsis por detrás en la que ponga:

“Aquí yace Sandra, escritora insulsa de pensamientos 
vomitados por sus manos asesinas”


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